A veces, en medio del movimiento de la feria, aparece una persona que parece traer otro ritmo, otra temperatura, otro tiempo. Ese día, entre nuestros mates artesanales, blends de hierbas naturales y el aroma suave del té artesanal, llegó una mujer que parecía conversar con el aire. La conocí como La Herborista del Río, y su historia aún resuena en mi memoria.
Una Mirada que Reconoce las Hierbas sin Verlas
La vimos detenerse frente a los blends con una serenidad casi hipnótica. Pasó sus manos por encima, sin tocarlos, como quien saluda algo sagrado. “Acá hay cedrón, acá menta peperina, acá burro…”, murmuró, sin siquiera leer las etiquetas. Nos miró y sonrió. “Las hierbas hablan —dijo—, si uno les deja espacio”.
Su presencia tenía esa energía suave y firme que solo poseen quienes trabajaron mucho tiempo con la tierra y sus ciclos. Era una mujer de río, como se presentó luego: nacida en un pequeño pueblo del litoral, donde las infusiones medicinales son parte del ritual cotidiano.
El Ritual del Mate como Puerta a las Energías Sutiles
Mientras hablábamos, tomó uno de nuestros mates de carandillo. Lo observó por dentro, por fuera, lo giró entre sus dedos. “El mate es un círculo. Lo que entra y sale por acá”, dijo señalando la boca del mate, “no es solo agua caliente. Son intenciones”. No pude evitar sonreír. Era la misma idea que había sentido tantas veces: esa magia del caos ligera que aparece cuando un mate ordena lo que parecía disperso.
Ella preparó un pequeño ritual frente a nosotros. Abrió una bolsita de yerba mate seleccionada, tomó un poco de cada blend y creó su propia mezcla: cedrón, manzanilla, menta y un toque mínimo de lavanda. “Este es un mate para alivianar el pecho”, dijo. Y mientras lo decía, el aire tomó un aroma que parecía memoria.
La Historia del Río y sus Secretos
La herborista comenzó a contarnos sobre su infancia: cómo su abuela le enseñó a reconocer el sonido que hace la hoja cuando está lista para infusionar; cómo el agua del río le mostraba cuándo una mezcla estaba equilibrada; cómo podía saber si una persona necesitaba un té calmante o un mate para claridad solo mirando cómo sostenía la bombilla.
“Las infusiones curan lo que no siempre se ve”, dijo. No se refería solo al cuerpo. Se refería al ánimo, a los pensamientos que pesan, a esas penas suaves que uno guarda sin darse cuenta.
Un Blend que Encontró a su Dueña
Ella no vino a comprar, lo dijo desde el principio. Pero cuando vio un blend nuevo —nuestro “Camino del Viento”, una mezcla de hierbas frescas y notas aromáticas de montaña—, se quedó en silencio. “Este blend es para mí”, aseguró. “Me encontró”.
La frase, aunque simple, llegó con esa fuerza que traen las cosas que se acomodan solas. Otra vez, la sincronicidad. Otra vez, esa magia sutil que vibra cuando una historia está a punto de nacer.
El Último Mate Antes de Seguir
Le cebamos un mate con su propia mezcla. Lo tomó en silencio, como si escuchara algo dentro del vapor. Luego nos miró y dijo:
“Cada mate es un recordatorio de que la tierra sigue hablando, aunque a veces no sepamos escucharla.”
Pagó su blend, guardó su pequeña mezcla casera en un frasquito de vidrio y se despidió con un gesto lento y lleno de gratitud. Cuando se alejó, quedaba en el aire un aroma a cedrón y algo más… algo que no pude identificar, pero que aún hoy siento cuando preparo un mate con hierbas frescas.
La Sabiduría que Perdura
Esa tarde entendí que los rituales no pertenecen al pasado: viven en cada persona que se acerca con una historia, un mate, una hierba o un recuerdo. Y que la mezcla precisa entre intención, tradición, naturaleza y ese poco de caos que organiza lo invisible, es parte esencial de lo que somos en Mate y Tea.
