Hay días en que uno siente que lo están llamando antes de llegar. Esa mañana, mientras organizábamos nuestros mates artesanales y blends de hierbas medicinales en el stand de Mate y Tea, se acercó una mujer de cabello blanco trenzado, mirada serena y un paso tan suave que parecía no tocar el piso. Tenía el aura de quienes cargan historias antiguas. Se presentó simplemente como Doña Lidia.
La Mujer que Sabía Escuchar a las Plantas
No venía a comprar. Venía a mirar. Pasó los dedos por cada mate como si saludara viejos amigos. Y sin que nadie le preguntara, dijo algo que nos dejó en silencio:
“Las plantas hablan. El mate también. El que sabe escuchar, entiende.”
Nos contó que vivía “en el monte, lejos de las luces”, donde aprendió de su abuela a preparar mezclas de yerbas sagradas, infusiones para dormir, para limpiar el espíritu, para sanar la tristeza. Su fama —según ella sin quererlo— había llegado a vecinos, viajeros y curiosos que buscaban su “té de los sueños limpios”.
Y en cuanto dijo eso, sentí esa vibración sutil en el aire. Ese pequeño desorden perfecto que siempre aparece cuando una historia fuerte está por abrirse. La conocida magia del caos, pero de la versión más suave y luminosa.
El Mate del Sueño Roto
Doña Lidia se acercó a un mate de calabaza decorado con dibujos mínimos, casi imperceptibles, realizados por un artesano del norte. Se detuvo ahí. Lo tomó entre las manos como si ya supiera algo de él.
“Este mate tiene sueño atrapado”, dijo. Le pedimos que nos explicara.
“Cuando un mate se usa para llorar, cuando se toma amargo con miedo, queda algo adentro. No se ve, pero se siente. Este necesita un nuevo destino.”
Nos sorprendió: ese mate había sido devuelto por un cliente hacía unos días. No sabíamos su historia. Pero ella… la sintió.
Una Historia que Pidió Ser Contada
Sin prisa, Doña Lidia nos compartió la historia de su primer mate. Uno que heredó de su abuela cuando era niña y vivía rodeada de monte, viento y silencio.
“Mi abuela me dijo: ‘Este mate es para cuando los sueños se te suban a la garganta’. Lo entendí recién de grande, cuando perdí mucho y tuve que volver a empezar.”
Mientras hablaba, eligió uno de nuestros blends: una mezcla sutil de yerba mate seleccionada, melisa, azahar y un toque de lavanda. “Este limpia suave, pero profundo”, afirmó.
Le cebamos un mate. El aroma llenó el aire con calma.
La Anécdota que Nos Dejó Sin Palabras
Nos confesó que cuando estaba muy triste, tomó su mate de la infancia y, por accidente o destino, se le cayó al suelo… sin romperse. “Fue la primera vez que sentí que no estaba sola”, dijo. “Los mates no siempre hablan, pero acompañan. Y cuando acompañan de verdad, sostienen.”
Nos quedamos quietos. Silencio profundo. Esa sensación de que lo que acaba de decir es verdadero, aunque no se pueda explicar.
El Mate que Eligió Sucesor
Doña Lidia dejó el mate de calabaza sobre la mesa. “No lo quiero llevar”, dijo. “Pero sí quiero que lo den a alguien que necesite empezar a soñar de nuevo.”
Luego tomó un mate de madera clara, casi dorada: “Este es para mí. Este vibra liviano. Este sabe escuchar.”
Pagó, pero antes de irse nos tocó el dorso de la mano con suavidad.
“Si alguien viene con sueño roto, déjenle el otro mate. Va a saber qué hacer.”
Y se fue. Sin apuro, sin ruido, como si volviera al monte del que había salido.
Un Final que Abrió un Camino
Una hora después pasó por el stand un joven con los ojos cansados. Nos dijo que no podía dormir desde hacía semanas. Que buscaba “algún mate que le devuelva calma”. Cuando vio el mate que había dejado Doña Lidia, lo tomó sin dudar.
No dijo “cuánto sale”. No preguntó nada. Solo dijo:
“Este es mío.”
Y no sé si fue coincidencia o destino, pero al entregárselo, sentí en el pecho una vibración leve, como una exhalación que por fin se libera.
En Mate y Tea entendimos ese día algo hermoso: que algunos mates no circulan por azar… circulan por necesidad.
