La tarde avanzaba tranquila entre el aroma del té artesanal, los mates artesanales recién pulidos y los blends frescos de hierbas naturales de Mate y Tea. El sol se filtraba entre los toldos cuando apareció un hombre de bigote antiguo, sombrero marrón y un brillo de entusiasmo desbordado en los ojos. Se presentó con una sonrisa amplia: “Soy Casimiro. Coleccionista de mates… tengo 77.”

Un Coleccionista Diferente

Casimiro tenía esa energía imposible de ignorar. De esas que ocupan espacio, que contagian. Sacó de su bolso dos mates antiguos para mostrarlos: uno de plata ennegrecida y otro con una virola enorme que parecía más una joya que un utensilio.

“Cada mate responde a un ritual distinto —explicó—. Uno para la mañana, otro para los viajes largos, otro para sanar discusiones… y uno para cuando necesito paz.” Hablaba como si cada mate fuera un ser vivo. Y la verdad… no estaba tan equivocado.

En su mirada había una mezcla de sabiduría, humor y una chispa de algo más profundo. Un entendimiento intuitivo del ritual del mate, un respeto casi místico hacia las infusiones, las maderas y las hierbas. Una sensibilidad propia de quienes saben leer los pequeños mensajes del caos disfrazado de casualidad.

La Búsqueda del Mate Número 78

Casimiro nos confesó que llevaba dos meses buscando “el mate correcto”. No uno cualquiera: “Busco el mate que cierre el círculo. El último. El que completa la colección.”

Miró cada estante con detenimiento. Tocó mates de algarrobo, guayubira, carandillo, palo santo. Los levantaba, los oía, los olía. Los probaba entre sus manos como si fueran instrumentos musicales.

De repente, se frenó frente a un mate de madera clara, tallado con líneas mínimas que parecían ondas de agua. “No puede ser”, murmuró. Lo tomó con delicadeza. Y ahí ocurrió ese tipo de detalle inexplicable que solemos ver en el stand: un blend de naranja y cedrón que teníamos detrás cayó solo, como si alguien lo hubiera empujado suavemente.

Casimiro abrió los ojos de par en par.

“Ese es el signo. Cuando la energía se mueve, hay respuesta.”

Intercambiamos miradas. No era la primera vez que algo así pasaba. La magia del caos tiene esas formas silenciosas de guiarnos.

El Ritual que Despertó el Mate

Preparé un mate con nuestro blend “Amanecer Claro”, una mezcla de yerba mate seleccionada, naranja, cedrón y un toque de poleo. Casimiro lo olió, luego sonrió con una expresión casi infantil.

“Este mate es el 78. El que faltaba. El que viene a cerrar un camino y abrir otro.” No entendíamos del todo a qué se refería, pero su convicción era absoluta.

La Historia que No Olvidaremos

Nos contó que su padre, antes de morir, le había dicho algo que le marcó la vida:

“El mate 78 llega cuando estés listo para dejar de buscar hacia afuera y empezar a buscar hacia adentro.”

Casimiro nunca había entendido esa frase. Pero ese día, frente a nosotros, la comprendió.

“Ya no necesito coleccionar más. Ahora necesito aprender a detenerme.”

Un Regalo Inesperado

Antes de irse, dejó sobre nuestra mesa uno de los mates que había traído: un mate antiguo de plata con marcas de uso y un brillo que solo dan los años.

“Este es para ustedes. Para que encuentre a quien lo necesite. Un mate nunca deja de enseñar.” Nos quedamos inmóviles mientras se alejaba con el mate nuevo abrazado contra su pecho.

Y ahí lo sentí: una vibración leve en el mate que había dejado. Una calidez. Una presencia. Ese tipo de energía que aparece cuando algo importante se acomoda en su lugar.

El Círculo que Se Cerró

Cuando Casimiro desapareció entre la gente, entendí que no había venido solo a comprar un mate. Había venido a cerrar un ciclo, a encontrar un símbolo, a descubrir una señal interna. A veces el mate no es objeto ni utensilio: es maestro.

Y en Mate y Tea, una vez más, comprobamos que cada mate trae una historia… y que algunas, como la de Casimiro, iluminan mucho más que el camino de quien las vive.